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“Compañeros y Compañeras ¡Salud!
Y bien: hastiadas ya de tanto y tanto llanto y miseria, hastiadas del eterno y desconsolador cuadro que nos ofrecen nuestros desgraciados hijos, los tiernos pedazos de nuestro corazón, hastiadas de pedir y suplicar, de ser el juguete, el objeto de los placeres de nuestros infames explotadores o de viles esposos, hemos decidido levantar nuestra voz en el concierto social y exigir, exigir decimos, nuestra parte de placeres en el banquete de la vida.”
La Voz de la Mujer
Periódico Comunista-anárquico
1896-1897
Así comenzaba el primer editorial del periódico comunista-anárquico (y feminista) La voz de la mujer editado entre 1896-1897 en Buenos Aires. Un diario escrito por mujeres para mujeres y –según sus redactoras- el primero de este tipo en Latinoamérica. La voz de la mujer se publicó durante un año, a fines del siglo XIX pero sus principios de lucha por los derechos de la mujer tanto en lo público como en lo privado, tienen hoy la misma fuerza que hace más de un siglo.
Las mujeres que crearon, escribieron y sostuvieron La voz... eran anarquistas que llegaron a la Argentina a fines del siglo XIX junto con sus compañeros y sus familias animadas por la promesa de trabajo y vida digna. Eran parte de la inmigración venida principalmente de España, Italia, Francia y Alemania que, en 1895, representaban el 20% de los aproximadamente 4.000.000 de habitantes de Argentina y el 52% de la población de Buenos Aires.
Ellas venían de vivir en sus países de origen el comienzo de una lucha por ser parte de una nueva sociedad que las involucraba, y estaban dispuestas a llevar adelante la emancipación de la mujer junto con el hombre contra toda dominación. Y eso incluía la construcción de una nueva identidad de la mujer como ser autónomo dentro y fuera del hogar.
Conocedores de la importancia de unirse y organizarse, y con una cultura política resultado de su experiencia en los debates sobre anarquismo, socialismo y sindicatos, trasladaron ese ideario a sus lugares de trabajo, donde representaban el 50% de las 66.000 mujeres registradas como empleadas en la capital. Distribuidas en trabajos de lavanderas, costureras, cocineras, enfermeras o en el servicio doméstico, los cerca de 2000 ejemplares de cada número de La Voz de la Mujer estaban dirigidos por sobre todo a las mujeres trabajadoras, pero también buscaban llegar a aquellas a quienes, al peso de la inmigración se les sumaba la carga de estar entrampadas en los roles tradicionales de madre, esposa abnegada y mujer del hogar.
Los nueve números de La Voz... fueron el lugar desde donde un grupo de anarco-feministas como Soledad Gustavo (Teresa Mañe), Teresa Claramunt, Voltairine de Cleyre o Emma Goldman, Pepita Guerra, Virginia Bolten y otras desarrollaban y defendían sus ideas por la emancipación y autonomía de la mujer abriendo debates sobre la familia, el amor libre, la revolución social, las relaciones de pareja, los peligros y abusos de la Iglesia, los curas, los jueces, los militares y advirtiendo a las mujeres como educar a sus hijos en la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer.
Previo a La Voz de la Mujer, el feminismo anarquista había tenido un primer impulso gracias a la obra de exiliados italianos como Malatesta y Pietro Gori que en sus artículos difundían estas ideas. También en 1895 circuló en Buenos Aires una serie de cuatro folletos de propaganda anarquista dedicados a las mujeres editado por la Biblioteca de la Questione Sociale a cargo de la anarquista A. M. Mazzoni. Estos números dedicados “A las muchachas que estudian”, “A las proletarias”, luego se transformaron en “propaganda emancipadora entre las mujeres” en las que se identificaban situaciones concretas de opresión y autoritarismo masculino hacia la mujer dentro y fuera del hogar.
A pesar de estos antecedentes la publicación de La Voz... generó polémicas entre los mismos anarquistas, que rápidamente se contestaron desde las mismas páginas del periódico:
Apareció el primer número de “La Voz de la Mujer”, y claro ¡allí fue Troya!, “nosotras no somos dignas de tanto. No señor”, “¿emanciparse la mujer?”, “¿para qué?”, “¿qué emancipación femenina ni qué ocho rábanos?” “¡la nuestra”, “venga la nuestra primero, y luego cuando nosotros “los hombres” estemos emancipados y seamos libres, allá veremos”...
Si vosotros queréis ser libres, con mucha más razón nosotras; doblemente esclavas de la sociedad y del hombre, ya se acabó aquello de “Anarquía y libertad” y las mujeres a fregar. ¡Salud!
Durante las primeras dos décadas del siglo XX las mujeres anarquistas protagonizaron y llevaron adelante hechos muy importantes como la huelga de inquilinos, la huelga de las fosforeras o la movilización de las lavanderas. Con esas acciones estas mujeres comenzaron a hacerse visibles en sus reclamos, en su fuerza y en su lucha a pesar de las persecuciones, la prisión, la clandestinidad y muchas veces también a pesar de sus propios compañeros.
Ellas luchaban contra todas las dominaciones, contra todas las opresiones y por sobre todo contra el orden patriarcal, que según palabras de la anarquista Juana Rouco Buela estaba presente en los hogares, incluso los anarquistas “... ¿Qué podemos decir a esto? Sencillamente, que se sienten despojados de todos los prejuicios y le tienen miedo a la mujer emancipada. Y digo miedo porque una mujer libre no se amolda a la tiranía del hogar tal cual hoy se practica, pues si tiene deberes, también tiene derechos”.
ASAMBLEA DE MUJERES
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